Dormir más de 9 horas puede aumentar el riesgo de mortalidad, según expertos
Especialistas advierten que tanto dormir en exceso como dormir poco puede tener efectos negativos en la salud.
Dormir bien suele asociarse automáticamente con dormir más, pero esa creencia no siempre juega a favor de la salud, en los últimos años, especialistas en sueño han advertido que tanto el descanso insuficiente como el excesivo pueden convertirse en señales de alerta para el organismo.
Aunque se cree que es bueno “dormir hasta tarde” como una recompensa, los expertos coinciden en que prolongar el descanso más allá de ciertos límites puede esconder riesgos importantes.
¿Dormir muchas horas siempre es sinónimo de salud?
Contrario a lo que muchos creen, pasar más de nueve horas diarias en la cama no garantiza un mayor bienestar, diversos análisis médicos han encontrado que dormir en exceso se asocia con un aumento significativo del riesgo de mortalidad.

Este fenómeno suele presentarse en personas con rutinas desordenadas, fatiga crónica, sedentarismo o problemas de salud no diagnosticados que llevan al cuerpo a “pedir” más descanso del necesario.
En otras palabras, el exceso de horas no siempre es reparador y, en algunos casos, actúa como una señal de que algo no está funcionando correctamente en el organismo.
¿Por qué dormir poco o demasiado altera el equilibrio del cuerpo?
Dormir menos de seis horas de forma constante impide que el cuerpo complete los ciclos de descanso profundo necesarios para la regeneración celular, la memoria y el control emocional.
Cuando el descanso se extiende más de lo recomendado, el ritmo biológico se desajusta, lo que puede afectar la presión arterial, el sistema inmunológico y los niveles de energía durante el día.
Además, los expertos destacan que acostarse muy tarde, aunque se cumpla un número elevado de horas, también impacta negativamente en la salud general.
¿Cómo construir hábitos de sueño que protejan la salud?
Mantener horarios para dormir y despertar ayuda a sincronizar el reloj interno del cuerpo, incluso los fines de semana, crear una rutina nocturna tranquila, sin pantallas, luces intensas ni estímulos fuertes facilita la producción natural de melatonina, la hormona del sueño.

A esto se suma la importancia de evitar cenas pesadas, cafeína o alcohol antes de acostarse, ya que pueden fragmentar el sueño sin que la persona lo note.
Y prestar atención a señales como cansancio persistente, somnolencia diurna o dificultad para concentrarse puede ayudar a identificar problemas a tiempo.
Dormir no es un lujo ni una pérdida de tiempo, es una función biológica esencial que, bien regulada, protege el corazón, la mente y el bienestar general, encontrar el punto justo entre descanso insuficiente y excesivo puede marcar una diferencia decisiva en la salud a largo plazo.
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